Este es un pequeño relato que logre construir despues de muchos años dejandolo pasar de largo, es una promesa que le hice a uno de mis mejores amigos hace ya bastante tiempo, pero como ves, tarde pero cumplo :P
Cae la noche obscura sobre las solitarias calles parisinas,
El frío invernal anuncia su llegada por todos los rincones de la ciudad…
Es momento de despertar David,
el hambre atroz se apodera de ti…
abre los ojos…
…Despierta,
entrégate a la pasión y al éxtasis de robar un alma,
dota a los mortales de tu presencia…
…Despierta!
Cubre la noche con tu manto de sangre y entrégate a tu destino…
…
Solo se escucha el silencio…
De repente, una ráfaga de viento penetró en el umbral, David salió a la calle impulsado por el hambre, la necesidad o quizá el deseo de encontrar a más seres como él, pues su rostro, a pesar de su juventud y belleza, - belleza que había perdido cualquier resquicio de humanidad- reflejaba la soledad con la que había convivido estos últimos siglos.
David, se había auto condenado a alimentarse de almas sin valor, de humanos miserables que solo mereciesen la muerte, había interrumpido cualquier tipo de contacto con su clan, simplemente se desvaneció…
… Dejo de existir, para muchos, se sumió en un sueño profundo del que no despertaría en siglos, para otros, simplemente se inmoló un amanecer, pero lo cierto es que David seguía allí, tan hermoso como siempre, pero oculto, sin vasallos, sin crear nuevos seres errantes, sin incrementar su fama con historias inverosímiles.
Sin embargo, esa noche, después de alimentarse, no retornó a su morada, decidió recorrer las orillas del Sena a la espera de una señal, de un hombre lobo que buscase una victima aparado por la resplandeciente luna llena, pero nada ocurrió, solo silencio y el sonido de los árboles meciéndose bajo el aire húmedo del invierno, las farolas alumbraban torpemente los campos elíseos y decidió dar una paseo, esperaba cualquier presencia allí, pero no lo que encontró bajo la luz de una de las tantas farolas de la avenida, no lo esperaba en absoluto, allí estaba ella, una mortal de piel blanca como la luz de la luna, melena negra y ondulada con la que el viento jugaba a placer, estaba tan absorta en su lectura que no se percató de la presencia de David.
Durante horas la observo leer, jugar con su cabello, reírse y acostarse a contemplar las estrellas.
Pronto amanecería, así que tanto el como ella abandonaron su lugar para regresar a sus misteriosas moradas.
David no dejaba de preguntarse quien era esa chica mientras estaba en su tumba, hasta que finalmente el sueño se apodero de él y se abandono a los brazos de Morfeo.
De nuevo, cae la noche sobre Paris…
Despierta David…
De un salto salió hacia los campos eliseos esperando poder observar de nuevo aquella misteriosa mujer…
Y allí estaba, sola, leyendo su misterioso libro mientras los vientos invernales jugaban con su cabello y enfriaban su rostro, pero a ella parecía no importarle.
La observo durante días… semanas… siempre sentada, sola, tan sola como él, pero tan llena de vida, vida que David deseaba poseer y amar durante toda la eternidad.
Una noche, como cada noche, David se oculto entre las sombras para observarla, de nuevo, allí estaba… esperando… esta vez no leía, solo miraba al cielo y cantaba, David se vio cautivado por su voz armoniosa que le recorrió el cuerpo provocándole un éxtasis similar al que le producía alimentarse, de repente, su voz cesó de entonar tan melodiosa armonía, ella, asustada, se puso de pie, preguntándose si habría alguien allí o solo era su imaginación que le jugaba una mala pasada, pero no, David salió de entre sus sombras y se aproximó a su encuentro.
Sophie - ese era su nombre – en ningún momento se mostró asustada, al contrario, parecía complacida ante la compañía del hombre desconocido.
David cayó bajo el embrujo de sus ojos, negros y profundos, de su rostro suave y de sus rasgos dulces, le parecía increíble que un mortal fuese tan hermoso.
Se contemplaron durante horas, sin decirse una palabra, solo observándose, fijamente, preguntándose si era real aquel momento, embrujados bajo el encanto de sus presencias.
Sophie respiro profundamente y dijo:
- Te he esperado toda mi vida
Tomó el rostro de David entre sus manos y lo besó, lo besó con tanta fuerza que sus labios empezaron a sangrar, toda su sangre recorrió como un dulce manjar los labios de David y en ese momento, él se acerco a su oído y le susurró:
- Yo te he esperado demasiados siglos
Beso su oído, su cuello y allí bajo la sombra de los árboles y con la mirada cómplice de la luna, la hizo suya, para siempre…
….
Eternamente